La imagen modelo es imposible. Salvo en la mente del creador, esa imagen modelo no esta en la mente del espectador que mira, ya sea por primera vez o quinta vez, un filme. No vemos la película según ese modelo. Miramos los filmes bajo ciertas circunstancias, todas distintas, ninguna igual.
Igual pasa con la cinefilia. Está reduce al cine a un mero axioma del pasado. A una referencia donde, tras todo acto de proyección, se protegen los restos del anecdotario fílmico.
En lugar de la cinefilia se debe poner una ética de la imagen, un “acto de ver” o un “interpretar el sentido de la pérdida en beneficio de las generaciones futuras”. Y tras ese “acto de ver debe estar”, más que una imagen modelo, una imagen moral que nos haga reconocer que el cine, mas que ser visto y recordado, debe ser interpretado, debe de tramitarse su proceso de disolución, una vigilancia de los procesos de disolución, mas que servir de guardia de la desaparición y evitarla.
“¿Están dispuestos los espectadores a aceptar la lenta disolución hacia la nada de lo que están mirando? ¿Es justo alentarles a creer que jamás asistirán a lo inevitable [la destrucción de la imagen en movimiento], que serán otros los que conocerán esa experiencia?”.
martes, enero 31, 2006
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